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Nacionalismo y terrorismo

BOSTON – El 11 de septiembre de 2001 parece al fin un episodio más de la historia del nacionalismo frente a las pretensiones explícitas de dominio mundial por Al Qaeda. De hecho, la conmoción y confusión iniciales han dado lugar a una perspectiva más moderada; los ataques terroristas de ese horrible día se ven cada vez más –como debería de ser– como un hito nacionalista más entre muchos otros.

Desde esta perspectiva los ataques ya no parecen reflejar como lo hicieron para muchos inmediatamente después de los ataques una mentalidad incomprensible, irracional e incivilizada, u otra civilización totalmente distinta –premoderna, oscurantista y fundamentalmente “ tradicional” (en otras palabras subdesarrollada). Es en este sentido poco halagador que el Islam, la religión dominante de una parte económicamente atrasada del mundo, se dijo que fue la que motivó los ataques del 11 de septiembre de 2001. Y los que lo creyeron (prácticamente todos los que podían ser escuchados) tardaron en percibir su connotación insultante y desde entonces hablar sobre el tema ha causado una fuerte angustia.

Ningún eufemismo puede expresar de manera inofensiva que una de las grandes religiones  del mundo es una ideología asesina, irracional e inaceptable para los seres humanos civilizados de la era moderna. Y con todo, dos administraciones estadounidenses diferenteshan implícitamente dicho –y actuado en consecuencia–  esta afirmación.

Sin embargo, una vez que ponemos los ataques del 11 de septiembre de 2001y el fenómeno político más amplio del terrorismo internacional en el contexto de otras tragedias históricas del siglo pasado, la religión deja de ser una explicación viable. Es aquí donde la influencia del nacionalismo se hace evidente.