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Francia se congrega por la república

PARÍS – Antes de la segunda ronda de las elecciones regionales en Francia del domingo, la mayoría de las predicciones sugerían que cinco o tal vez seis de los gobiernos regionales de ese país caerían en manos del Frente Nacional (FN). Pero los franceses recobraron la compostura y fueron a votar con un nivel de participación que nadie esperaba. Así, un partido xenófobo y racista, hostil a todo lo esencial al espíritu y la grandeza de Francia, fue derrotado en todas las contiendas que supuestamente ganaría.

Algunos mostrarán sorpresa frente a este extraño país, que nunca se engrandece tanto como cuando está al borde del precipicio. Se preocuparán —y harán bien— porque fue necesaria una situación de peligro extremo, una auténtica amenaza para el país, para que los franceses recuperan el sentido y tomaran el camino de la razón. Y lamentarán que los franceses no sean el tipo de gente prosaica que puede ser ella misma a velocidad crucero normal, sin tener que escuchar el silbido de una bala de cañón en las proximidades. Pero así son las cosas.

Y yo, como muchos otros, no intentaré ocultar mi satisfacción al ver a los petulantes sinvergüenzas del FN dispersarse y recuperar el registro de su lenguaje histórico, su voz auténtica: la del odio y la furia de la turba. Esta fue verdaderamente una victoria de la república, un triunfo de la resistencia popular.

Los franceses entraron en acción masivamente para afirmar que no querían que la banda de Le Pen se apropiase de sus regiones. Esa es la lección más importante que dejan las elecciones del domingo, y resulta tranquilizadora. Pero, ¿qué llevó al país a rectificarse?