¿Mi cuerpo, mi capital?

LONDRES – En los años 1960, las feministas acuñaron el slogan “Nuestros cuerpos, nuestras vidas”. Pero ese sentimiento liberador recientemente sufrió un giro irónico. Como lo expresa una mujer norteamericana anónima, al justificar su decisión de someterse a una cirugía cosmética, “Todo lo que tenemos en la vida somos nosotros mismos y lo que podemos mostrar todos los días para que el mundo vea … Yo soy todo lo que tengo”.

El analista francés Hervé Juvin exaltó esta nueva actitud hacia el cuerpo en su sorpresivo éxito editorial de 2005 L’avènement du corps ( El advenimiento del cuerpo ). La cirugía plástica, la implantación de biochips, los piercings –todos adornan la creencia de que nuestros cuerpos son nuestra única propiedad-. Juvin asegura que, al mismo tiempo, como todos tenemos un cuerpo, la propiedad repentinamente se ha democratizado.

Pareciera que vivimos en un momento que ha presenciado el absoluto fracaso de los grandes sueños de la Ilustración sobre el progreso lineal, la paz universal y la igualdad entre ricos y pobres. Junto con la hostilidad generalizada hacia la religión organizada, manifestada en libros inmensamente populares como The God Delusion (El espejismo de Dios) de Richard Dawkins, la desilusión con los ideales sociales implica que nos volquemos hacia adentro. A falta de una creencia en la vida eterna, se pasa a invertir todo en esta vida, este cuerpo.

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