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Asesinato unipersonal

NUEVA YORK -- ¿Qué fue lo que poseyó al joven francés musulmán Mohamed Merah para asesinar a tres colegiales judíos, un rabino y tres soldados, dos de ellos correligionarios musulmanes? ¿Qué fue lo que poseyó a otro hombre, Anders Breivik, para que matara a tiros a más de sesenta adolescentes en un campamento de verano noruego el año pasado? Esas matanzas son tan inhabituales, que la población exige explicaciones.

Llamar “monstruos” a esos asesinos, como algunos se apresuraron a hacer, arroja poca luz sobre el problema. No eran monstruos; eran jóvenes. Y desecharlos como locos es igualmente evasivo. Si hubieran estado clínicamente locos, nada más habría que explicar.

Dos explicaciones, las dos ampliamente sociopolíticas, destacan. Una es la del polémico activista& musulmana Tariq Ramadan. Acusa a la sociedad francesa. Más concretamente, la acusa de que los jóvenes franceses de origen musulmán se ven marginados por motivo de su credo y del color de su piel.

Aunque esas personas tienen pasaporte francés, se las trata como a extranjeros no deseados. Cuando el Presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, él mismo hijo de inmigrantes, dice que hay demasiados extranjeros en Francia, arrincona aún más a jóvenes como Merah. Una pequeña minoría de esos hombres podría lanzarse al ataque por desesperación.