Un compromiso multilateral para la seguridad energética

Nuestra necesidad global de fiabilidad energética nos une tanto como la red mundial que la proporciona; si cualquier parte de la red sufre un problema, inevitablemente nos afectará a todos. Los intereses locales y los persistentes conflictos que afectan a nuestras redes, como el problema todavía no resuelto del suministro de gas ruso a Ucrania y Europa, nuevamente han hecho surgir el fantasma de que la energía se utilice como arma para obtener ventajas políticas. La seguridad energética es un tema prioritario de la agenda de la reunión del G-8 en San Petersburgo, de la cual el Presidente Vladimir Putin será el anfitrión. El G-8 ha identificado correctamente el problema económico fundamental, la interdependencia energética, y ahora es el momento de establecer un compromiso multilateral sobre este tema.

Para algunos países bendecidos con vastas reservas de petróleo y gas, el uso de las exportaciones de estos recursos para recompensar a amigos y castigar a enemigos parece una opción tentadora. Sin embargo, en la actualidad es más probable que esta actitud provoque problemas tanto a amigos como a enemigos, y que termine dañando a los propios países que la practiquen. Por lo general, los embargos de energía han demostrado ser contraproducentes. Los aumentos de precios ocurridos después de los embargos petroleros de la OPEC en la década de los 70 no se pudieron sostener y condujeron al surgimiento de iniciativas de conservación y ampliación de la producción de los países que no pertenecen a dicha organización. Como resultado, la participación de la OPEC en las exportaciones mundiales de petróleo se redujo drásticamente en los doce años posteriores al embargo de 1973-1974.

La experiencia nos ha enseñado que la transparencia y la estabilidad de los precios es conveniente para todas las partes. Las iniciativas para hacer realidad estos objetivos, al mismo tiempo que estimular el desarrollo de los mercados globales, es fundamental para tener mayores perspectivas de crecimiento generales para la economía mundial. De manera que, cuando Rusia intentó este año cuadruplicar el precio de sus exportaciones de gas a Ucrania, se argumentó que simplemente estaba pidiendo los precios del mercado. El mensaje sonaba justo y, durante algún tiempo, resultó atractivo a algunos encargados de diseñar políticas e inversionistas que no estaban completamente al tanto de la situación.

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