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Las odiosas deudas de Mubarak

NUEVA YORK.– Una mirada a las finanzas públicas de Egipto revela un dato perturbador: los pagos de intereses por la deuda externa del país sobrepasan su presupuesto combinado para educación, salud y vivienda. En efecto, el costo de los servicios de la deuda alcanza el 22% de los gastos totales del gobierno egipcio.

El impacto ya no puede ignorarse. Con creciente incertidumbre política y su economía en desaceleración, Egipto probablemente presenciará menores ingresos fiscales, mayores demandas de gasto y tasas de interés crecientes para el endeudamiento gubernamental. Esto puede conducir a una catástrofe fiscal para el gobierno justo cuando el país intenta una transición política complicada.

La deuda pública egipcia representa aproximadamente el 80% de su PBI. Está muy cerca del 90%, nivel que los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart señalan como precursor de menor crecimiento y mayor vulnerabilidad a las crisis fiscales y financieras. A los egipcios les basta mirar al norte, a la crisis de la deuda europea, para entender que deben solucionar el problema de su endeudamiento ahora, en lugar de esperar a que alcance las proporciones griegas.

Esta deuda se contrajo durante el gobierno de 30 años del derrocado presidente, Hosni Mubarak. En el derecho internacional, la deuda incurrida sin el consentimiento de la gente y que no empleada para su beneficio es llamada «odiosa»; como tal, no se considera transferible a los regímenes posteriores. El razonamiento es simple y lógico: si alguien pide prestado dinero en mi nombre de manera fraudulenta no se espera que yo lo devuelva, tampoco debiera hacerlo la población de un país cuando un líder no representativo pide prestado en su nombre y en su perjuicio.