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¿La última risotada de Mubarak?

EL CAIRO - El 3 de agosto de 2011, será recordado como un día histórico en Egipto. El ex presidente Hosni Mubarak fue sometido a juicio público, junto con sus dos hijos y su ex ministro del Interior, el general Habib el-Adly. Las repercusiones para Egipto y, de hecho, para todo el mundo árabe, serán profundas.

Esta no es la primera vez que un dictador árabe se lleva a juicio. Saddam Hussein y Zine El Abidine Ben Ali precedieron a Mubarak ante el banquillo. Hussein fue juzgado con la ayuda de una coalición dirigida por Estados Unidos, Ben Ali fue juzgado y condenado en ausencia después de huir a Arabia Saudita. Sin embargo, en Egipto "fue hecho exclusivamente por los egipcios y para Egipto," como me dijo un amigo. "Por eso estamos tan orgullosos."

Sin embargo, la fase previa al juicio fue polémica. El 29 de julio, muchas organizaciones llevaron a cabo una gran protesta en la plaza Tahrir de El Cairo para poner de relieve la unidad de los revolucionarios de Egipto (cuyas demandas incluyen un juicio público a Mubarak). En lugar de ello, la protesta expuso la dramática polarización entre los islamistas y laicos desde el derrocamiento de Mubarak. Por otra parte, reveló la potente capacidad de los salafistas de Egipto para movilizar a sus simpatizantes, que fueron la inmensa mayoría en la plaza Tahrir ese día.

Otros grupos, como el izquierdista Movimiento de Jóvenes 6 de abril y la multiideológica Coalición de la Juventud de la Revolución, parecían diminutos e insignificantes. Como resultado, muchos activistas seculares pusieron fin a su semana de sentadas y se retiraron de la plaza Tahrir. Irónicamente, esto fue lo que deseaba el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) y se logró sin ningún coste en términos de violencia o tribunales militares. Bastaron los cánticos de "islamiyya, islamiyya" (islámica, islámica).