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La debacle de la ciudad del automóvil

WASHINGTON, DC – La crisis financiera que empezó en 2007 se ha caracterizado por el persistente pensamiento confuso y el poco sistemático diseño de políticas. Ahora, el Tesoro de los Estados Unidos está a punto de cometer un error de proporciones históricas y catastróficas al rehusarse a rescatar a los Tres Grandes de la industria del automóvil de ese país.

No nos equivoquemos. Si los Tres Grandes de Detroit quiebran, la tormenta perfecta habrá llegado realmente, con un colapso tanto de la economía real como del sector financiero. Esta amenaza significa que los fondos para el rescate financiero autorizados por el Congreso pueden utilizarse de manera legítima para apoyar a los constructores de automóviles. La negativa del Tesoro a hacerlo es una equivocación monumental que podría provocar una debacle generalizada, cuyas consecuencias llegarían mucho más allá de las fronteras de los Estados Unidos.

Quienes proponen un rescate de los Tres Grandes han subrayado la enorme pérdida de empleos que conllevaría un escenario de quiebra, incluyendo no sólo los empleos generados directamente por esas empresas sino también por los proveedores de refacciones, los vendedores de automóviles y las industrias del transporte y la publicidad.

Posteriormente, esas pérdidas de empleos se multiplicarán a nivel local y nacional. Los salarios perdidos reducirán el consumo y provocarán más recortes de empleos, y el cierre de las fábricas hará que disminuya la inversión, lo que repercutirá negativamente en el empleo en las industrias de bienes de capital. Los sueldos perdidos también provocarán una caída de los ingresos fiscales y, como consecuencia, recortes en los empleos del sector público.