Más muros por caer

MOSCU – El pueblo alemán, y todo el mundo junto con él, celebran una fecha histórica, el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. No muchos acontecimientos permanecen en la memoria colectiva como una vertiente que divide dos períodos bien diferenciados. El desmantelamiento del Muro de Berlín -ese símbolo sombrío y concreto de un mundo dividido en campos hostiles- es uno de esos momentos definitorios.

La caída del Muro de Berlín trajo esperanza y oportunidades a la gente en todas partes, y le brindó a los años 1980 un final verdaderamente alborozado. Eso es algo en lo que hay que reflexionar mientras esta década se acerca a su fin -y cuando la posibilidad de que la humanidad dé otro salto trascendental hacia adelante parece escabullirse.

El camino al fin de la Guerra Fría ciertamente no fue fácil, ni bienvenido universalmente en ese momento, pero es justamente por esta razón que sus lecciones siguen siendo relevantes. En los años 1980, el mundo estaba en una encrucijada histórica. La carrera armamenticia entre el Este y Occidente había creado una situación explosiva. Los elementos de disuasión nuclear podrían haber fallado en cualquier momento. Íbamos camino al desastre, al mismo tiempo que ahogábamos la creatividad y el desarrollo.

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