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¿Un dictador democrático en Egipto?

EL CAIRO – Hace pocos días, Mohamed Morsi, el primer presidente civil electo de la historia de Egipto, se otorgó por decreto poderes extraordinarios de alcance transitorio, con el objetivo, según dice, de poder cumplir las metas de la revolución que derrocó a la dictadura de Hosni Mubarak. Pero los decretos generaron fuerte oposición en muchas de las fuerzas revolucionarias que participaron en el derrocamiento de Mubarak (y también en las fuerzas que eran leales al ex dictador), lo que llevó a una nueva serie de protestas en la plaza Tahrir de El Cairo.

Morsi se encuentra en la extraña posición de tener que defender su posición contra los manifestantes y al mismo tiempo hacer causa común con ellos. “Comparto vuestro sueño de tener para todos los egipcios una constitución que establezca tres poderes separados: ejecutivo, legislativo y judicial”, les dijo a sus oponentes. “Y no dejaré que nadie prive a los egipcios de esta posibilidad”. Pero, ¿era el “autogolpe” de Morsi necesario para hacer realidad los objetivos democráticos declarados de la revolución?

La nueva Declaración Constitucional del presidente Morsi, llamada Ley de Protección de la Revolución, y los nuevos decretos presidenciales persiguen varios objetivos:

·         destituir al fiscal general, un remanente de la era de Mubarak, por no haber logrado condenas para decenas de funcionarios de ese régimen acusados de corrupción y/o abuso del poder;