1

¿El momento para que México dé el salto?

CIUDAD DE MÉXICO – Cuando han transcurrido menos de dos años de la presidencia de Enrique Peña Nieto, México está aplicando un ambicioso plan de reformas estructurales destinado a sacar su economía de una trampa de crecimiento lento mutidecenal y crear nuevas oportunidades para sus ciudadanos. Las reformas entrañan la reestructuración de sectores económicos en tiempos considerados políticamente intocables y están respaldadas por enmiendas constitucionales y un programa legislativo audaz.

De hecho, gracias al “Pacto por México”, gran parte de ese plan cuenta con el apoyo no sólo del gobierno de Peña Nieto, sino también con el de los dos principales partidos de oposición. Pronto, cuando las reformas empiecen a notarse, se pondrá a prueba ese acuerdo excepcional y el resultado podría tener consecuencias importantes y duraderas para los intentos de aplicar reformas estructurales en otras partes del mundo.

Semejantes reformas nunca son fáciles de iniciar y suelen ser difíciles de concluir. Los políticos las propugnan cuando están en la oposición, pero, cuando están en el Gobierno, raras veces las adoptan y mantienen. La razón es sencilla: dados los gastos iniciales necesarios hasta que al final lleguen los beneficios, las reformas estructurales resultan políticamente peligrosas.

A los gobiernos que sí que se lanzan a la reforma estructural con frecuencia les parece frustrante esperar a que se materialice esa “masa crítica”, con frecuencia esquiva, de sectores revitalizados y a los economistas les resulta muy difícil predecir el ritmo y la magnitud del despegue del crecimiento que ha de seguir. Para complicar el asunto aún más, la inevitabilidad de acontecimientos imprevistos, ya sean de origen interno o externo, obliga con frecuencia a hacer correcciones de rumbo.