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La modernización del multilateralismo

WASHINGTON, DC – El 2008 será recordado como un año de agitación extraordinaria. La crisis financiera se originó en los talones de las crisis de alimentos y de combustible. Ahora el mundo está en medio de una crisis económica que desencadenará muchas pérdidas de empleos. Prácticamente ningún país ha salido indemne. Estamos entrando en una nueva zona de peligro, con mayores peligros para las exportaciones y la inversión, para el crédito, los sistemas bancarios, los presupuestos y las balanzas de pagos. En 2009, tal vez presenciemos la primera caída del comercio global desde 1982.

Como siempre, los pobres son los más indefensos. Para los países en desarrollo, las condiciones de crédito más ajustadas y el crecimiento mucho más débil se traducen en que los gobiernos están en peores condiciones de satisfacer los objetivos de educación y salud, y de invertir en la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento. Las remesas se están agotando. Ya 100 millones de personas se han visto arrastradas a la pobreza como resultado de los elevados precios de los alimentos y el combustible, y las estimaciones actuales sugieren que cada 1% de caída en las tasas de crecimiento de los países en desarrollo arroja a otros 20 millones de personas a la pobreza.

Los países están intentando romper el congelamiento del crédito, apuntalar a las instituciones financieras, aliviar las tasas de interés, fortalecer las redes de seguridad y revivir el consumo y la inversión para fomentar los negocios, permitir que la gente tenga trabajo y sentar las bases para un crecimiento futuro. Estos pasos serán más efectivos si los países actúan en concierto, respaldándose mutuamente. El nacionalismo económico que busca ganancias a partir de las desventajas de los demás dará lugar a peligros aún mayores. Los desafíos globales exigen soluciones globales.

En octubre, hice un llamado a que se modernizara el multilateralismo y los mercados de manera que reflejaran mejor la economía mundial cambiante y permitieran que los países actúen en concierto para resolver los problemas interconectados. Mirando más allá del viejo sistema del G-7, necesitamos una estrategia del siglo XXI para el multilateralismo, a través del dinamismo de una red flexible, no de nuevas jerarquías en un sistema fijo o estático.