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Un nuevo orden para el desarrollo

DUBÁI – Los Objetivos de Desarrollo del Milenio le dieron al mundo un marco exitoso dentro del cual encarar cuestiones sociales fundamentales como la pobreza, la salud, el hambre y la educación. Los ODM concluyen en 2015, y a partir de allí, los reemplazará una nueva agenda global de desarrollo, cuya forma y cuyo alcance ya han comenzado a debatirse. Es un momento oportuno para considerar el papel del sector privado y reflexionar sobre la actitud general de la comunidad internacional hacia el desarrollo.

El desarrollo económico es la mejor manera (en realidad, la única manera) de reducir la pobreza en forma sostenible, ya que genera un círculo virtuoso donde el crecimiento crea empleo y el empleo reduce la pobreza.

La participación del sector privado en este proceso es fundamental. Actualmente, los flujos de capital del sector privado son mucho mayores que los flujos de ayuda tradicionales del sector público. Por ejemplo, en 2010 Estados Unidos destinó al desarrollo un total de recursos equivalente a 200.000 millones de dólares, de los que el 87% provino de fuentes privadas. En cambio, en la década de 1960, el 70% de los flujos de capital hacia países en desarrollo surgió de programas oficiales de ayuda al extranjero.

En el resto del mundo puede observarse el mismo panorama. La movilización de recursos locales de los países, las remesas de trabajadores expatriados, los flujos de capitales y de deuda privada y las contribuciones filantrópicas superan por amplio margen a la ayuda internacional oficial. Los flujos provenientes del sector privado dejaron de ser un elemento accesorio de la agenda de desarrollo: ahora son el elemento principal.