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El FMI se arriesga a perder Ucrania

BOSTON – Para ganar la reelección en una economía estancada, el gobierno en ejercicio debe alentar el crecimiento. Es uno de los principios fundamentales de la política moderna. Pero aunque el deseo de Occidente es ayudar a sus aliados en el gobierno provisorio de Ucrania a ganar la elección general del 25 de mayo, parece que se olvidó de este principio.

En cambio, se ha puesto en marcha un plan para imponer a Ucrania el mayor paquete de austeridad jamás visto en Europa del Este. Medidas como estas no ayudan a ganar votos. El FMI pretende sumar caos al caos que ya generaron en Ucrania las acciones de Rusia. Alguien debería recordarle al FMI que la prioridad número uno debe ser la estabilidad política, no la aplicación de un discutible manojo de reformas de emergencia.

Hace tiempo que el FMI quiere imponer “reformas” económicas en Ucrania. Algunas de ellas son razonables, pero otras no; y los antecedentes del FMI con este país no son brillantes. Algunas de las que ya quiso hacerle adoptar, como la privatización de las jubilaciones, se intentaron en otros lugares y fueron un fiasco. El FMI a veces se equivoca. Ahora, el principal error que se arriesga a cometer en Ucrania se refiere a los subsidios al consumo y los pagos de transferencias.

Es cierto que hay que cortar la dependencia de las familias ucranianas respecto de unos exorbitantes subsidios a la energía, que en 2012 equivalieron al 7,5% del PIB. Pero en un país de clima frío, donde la mayor parte de la población necesita que la calefacción esté subsidiada para sobrevivir, y donde aumentar la eficiencia energética exige realizar enormes inversiones, retirar estos subsidios de un día para el otro es políticamente inviable. Ningún gobierno que lo haga sobrevivirá. Los subsidios se tienen que eliminar en forma gradual y compensando su quita con la entrega de ayudas en efectivo sólo para quienes las necesiten (según estimaciones del gobierno ucraniano, corregir la política energética del país costará cien mil millones de euros/ciento treinta y nueve mil millones de dólares); y estas reformas se deben aplicar después de la próxima elección.