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Abajo con el dengismo

CLAREMONT, CALIFORNIA – China recientemente llevó a cabo una serie de ceremonias solemnes y de alto perfil, que prácticamente pasaron inadvertidas en el mundo exterior, en honor al 110 aniversario del nacimiento del ex líder Deng Xiaoping. Pero, como sucede con la mayoría de las festividades políticas en China en estos días, pocos se preocuparon por reflexionar sobre lo que se está celebrando –y lo que el liderazgo de Deng realmente significó-. La verdad es que, si bien Deng merece un reconocimiento por haber sacado a China del abismo del maoísmo, su estrategia –el “dengismo” o un desarrollismo autoritario- hoy está obstruyendo las perspectivas de China.

Hacer una distinción entre Deng el reformista y el dengismo como filosofía gobernante no es un ejercicio académico inútil. Deng, que arriesgó su autoridad y la del Partido Comunista Chino (PCC) para romper con la convención maoísta y lanzar la revolución económica de China, murió en 1997. El dengismo, que destaca el objetivo de la modernización bajo un estado unipartidario poderoso, sigue forjando el sistema de gobernancia de China.

A Deng, que como bien se sabe declaró que “el color de un gato no importa siempre que atrape a los ratones”, normalmente se lo recuerda como un pragmático imperturbable. Pero hasta los pragmáticos tienen principios medulares que limitan sus acciones y Deng no era una excepción. Dos ideas eran incontrovertibles: el PCC podía retener su control del poder sólo si ofrecía desarrollo económico, y China podía modernizarse sólo bajo un sistema unipartidario fuerte.

En consecuencia, el rechazo de la democracia en cualquiera de sus formas era fundamental para el punto de vista de Deng. Aunque defendía la reforma legal como una herramienta de modernización, Deng era firme en su convicción de que no se podía permitir que el régimen de derecho limitara el poder del PCC.