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Cuidado con los vecinos

PRINCETON – La opinión generalizada la semana pasada sobre si Siria cumpliría el plan de cese el fuego del ex Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan era la de que dependía de Rusia. Estábamos volviendo a la política de la Guerra Fría, en la que Occidente era reacio a recurrir a la fuerza y Rusia estaba dispuesta a seguir armando y apoyando a su satélite. Así, pues, Rusia tenía la mejor baza: la de elegir la presión que estaba dispuesta a ejercer sobre el Presidente de Siria, Bashar Al Asad, para que cumpliera el plan.

Si esa opinión fuese correcta, no cabe duda de que el Irán tendría una baza igualmente importante. Al fin y al cabo, Annan también visitó Teherán. Parece que la tradicional geopolítica de equilibrio de poder está vivita y coleando.

Pero se trata, en el mejor de los casos, de una opinión parcial que obscurece tanto como revela. En particular, pasa por alto la importancia decisiva y cada vez mayor de la política y las instituciones regionales.

Una solución a largo plazo de la crisis de Siria depende tanto de Turquía y de la Liga Árabe como de los Estados Unidos, Europa y Rusia. Pensemos en las otras cosas que sucedieron la semana pasada: el Gobierno de Turquía dijo con toda claridad que, si el plan de Annan no daba resultados, recurriría a otras medidas.