US Secretary of State nominee Mike Pompeo testifies before the Senate Foreign Relations Committee JIM WATSON/AFP/Getty Images

La conveniencia de la diplomacia secreta

CAMBRIDGE – Cuando el Senador por Nueva Jersey Robert Menéndez anunció que se opondría a la nominación de Mike Pompeo a Secretario de Estado de EE.UU., explicó que este, que actualmente es Director de la CIA, no había comunicado su viaje a Corea del Norte en el fin de Semana Santa como enviado del Presidente Donald Trump.

Para Menéndez, eran inaceptables la audacia y el secretismo de los preparativos de la administración Trump para la cumbre entre el presidente estadounidense y el líder norcoreano Kim Jong-un. “No es que espere que la diplomacia se exponga públicamente”, dijo en un discurso reciente, “pero sí que un nominado a la Secretaría de Estado comparta algunas opiniones sobre una visita así delante de los congresistas que dirigen el comité, en particular si se le hacen preguntas específicas acerca de Corea del Norte. Creo que el jefe de la diplomacia de la nación debe ser franco”.

La constitución de EE.UU. asigna a los senadores la responsabilidad de confirmar por voto mayoritario a los nominados al gabinete del presidente. Los padres fundadores querían asegurarse de que las personas que desempeñaran altos cargos de confianza pública estuvieran bien calificadas, no solo a juicio de un solo individuo, sino tras una exhaustiva evaluación de un Senado electo independientemente.

Al ejercer su deber constitucional, los senadores deberían ponderar cuidadosamente sus criterios para proporcionar lo que la carta magna denomina “consejo y consentimiento”. Hay muchas razones por las que los senadores pueden decidir apoyar u oponerse a la nominación de Pompeo, pero su silenciamiento del hecho de que realizaba una diplomacia secreta no es una de ellas.

No hay duda de que, a pesar de ser un rasgo constante de la política exterior estadounidense, la diplomacia secreta siempre ha tenido sus críticos. Algunos argumentan que es un tipo de engaño que socava la transparencia y capacidad de rendición de cuentas en que se sustenta la democracia estadounidense. Otros no se oponen a la diplomacia secreta per se, pero creen que mantener un grado razonable de responsabilidad democrática exige que un pequeño subconjunto de líderes del Congreso esté informado. Menéndez expresaba ambas preocupaciones al criticar a Pompeo por no ser “franco” ni siquiera con los “congresistas que dirigen el comité”.

Sin embargo, la historia de la diplomacia secreta claramente ilustra sus beneficios, tanto en gobiernos republicanos como demócratas. El avance diplomático más importante de la Guerra Fría, la apertura a China, comenzó con negociaciones secretas entre el asesor de seguridad nacional del entonces Presidente Richard Nixon y el Primer Ministro chino Zhou Enlai. El viaje de máximo secreto de Kissinger a Beijing en 1972 sentó las bases para la histórica visita de Nixon el año siguiente. Y la mejora de las relaciones entre China y Estados Unidos ayudaron a ampliar las divisiones entre China y la Unión Soviética, el gran adversario de Estados Unidos en la Guerra Fría.

What do you think?

Help us improve On Point by taking this short survey.

Take survey

De manera similar, el gran logro diplomático del Presidente Barack Obama, el acuerdo nuclear con Irán de 2015, no se habría podido alcanzar sin conversaciones secretas. En marzo de 2013, Obama envió a dos altos cargos del Departamento de Estado, William J. Burns y Jake Sullivan, para entablar conversaciones secretas con los iraníes en Omán. Puesto que ambos países carecían de relaciones diplomáticas por más de 30 años y que cada uno tenía un efecto radioactivo en la política interna del otro, iniciar negociaciones preliminares en público habría estado condenado al fracaso.

Pronto las conversaciones secretas de los funcionarios estadounidenses les llevaron a concluir que los iraníes eran serios en sus intenciones de comenzar tratativas formales. Los negociadores de ambos países trabajaron en secreto para delinear lo que acabaría siendo el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés), que bloquearía todas las principales maneras de Irán de convertirse en potencia nuclear, al impedirle el reprocesamiento de plutonio o de enriquecer uranio a niveles de calidad bélica. También eliminó dos tercios de las centrífugas iraníes y un 98% de sus reservas de uranio enriquecido, y creó el régimen de verificación e inspección más exhaustivo jamás negociado.

Pero con todo lo difíciles que fueron las conversaciones con Irán, negociar con el Reino Ermitaño de Kim será más duro todavía. Estados Unidos y Corea del Norte siguen estando técnicamente en guerra, ya que no se ha firmado un tratado de paz formal desde la Guerra de Corea de 1950-1953, que acabó con un alto al fuego y un armisticio. Más aún, cada acuerdo de desnuclearización alcanzado en el pasado entre los dos países ha colapsado y, desde que Trump asumiera el cargo, él y Kim se han lanzado insultos y amenazas. En este contexto, un enviado secreto a Pyongyang para cimentar negociaciones productivas es precisamente lo que Estados Unidos debería hacer.

Incluso así, sigue abierta la pregunta de por qué este enviado no informaría a los líderes del Senado para asuntos exteriores de sus tareas, especialmente en momentos en que busca convertirse en el jefe de la diplomacia estadounidense. Una respuesta es que probablemente la administración Trump crea que informar al Congreso haría que las negociaciones secretas dejaran de ser secretas. Durante la investigación del año pasado sobre una posible colusión entre Rusia y la campaña de Trump antes de las presidenciales de 2016, el Congreso era una fuente constante de filtraciones, y muchos congresistas del Partido Demócrata dejaron claro que “resistirían” a Trump en cada oportunidad que se les presentara. Así, era razonable que Pompeo temiera que el conocimiento de sus conversaciones secretas se filtrara con la intención de socavar la cumbre e impedir que la administración lograra una potencial victoria política.

La transparencia y la responsabilidad siguen siendo normas importantes para los estadounidenses, pero la historia de su diplomacia ha demostrado que a menudo el secreto es esencial para el éxito. Además, la constitución da a al presidente amplio margen en materia de asuntos exteriores. Por eso incluso algunos de los colegas demócratas de Menéndez, que tal vez se opongan a Pompeo por razones políticas, saludaron su visita a Corea del Norte. Como señalara el Senador por Connecticut Chris Murphy: “Seré sincero con ustedes. Me agrada que un alto cargo de la administración Trump esté en conversaciones con los norcoreanos acerca de los parámetros de este encuentro”.

Murphy está en lo correcto. Hay motivos válidos para oponerse a un nominado a Secretario de Estado. Pero no es una de ellas el no divulgar conversaciones preliminares secretas para la cumbre presidencial más importante del siglo.

http://prosyn.org/9C4EgWl/es;

Handpicked to read next

Cookies and Privacy

We use cookies to improve your experience on our website. To find out more, read our updated cookie policy and privacy policy.