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El futuro de la gestión migratoria

DHAKA – Vivimos en un mundo hiperconectado y en veloz evolución, en el que los bienes, el capital y las personas tienen más movilidad que nunca antes en la historia. Pero aunque los países han mostrado voluntad para cooperar en el intercambio de bienes y capital, la comunidad internacional no mostró mucho interés en mejorar la gestión de la movilidad humana.

Después de las persecuciones y los desplazamientos de personas a gran escala de la Segunda Guerra Mundial, la dirigencia internacional tomó una medida audaz al redactar la Convención de 1951 sobre los Refugiados. Por ella, los países renunciaron a una cuota de soberanía nacional (al aceptar el principio de no devolución) a fin de promover la solidaridad global hacia los refugiados.

Pero por otra parte, los gobernantes vieron la migración como algo temporario que admitía mecanismos ad hoc, mediante acuerdos unilaterales o bilaterales cuyo principal objetivo era cubrir necesidades concretas de los mercados laborales en las economías desarrolladas. Visto en retrospectiva, está claro ahora que este modelo no era adecuado para manejar el gran aumento de la movilidad humana que se produjo con la integración económica global y regional.

Refiriéndose a los “trabajadores invitados” en Suiza, el dramaturgo suizo Max Frisch observócierta vez: “Pedimos trabajadores, vinieron personas”. Lo que el autor quiso decir es que los migrantes no son bienes que puedan exportarse o importarse, y que no deberían ser explotados como si lo fueran. Los migrantes son seres humanos con derechos, y están motivados por una compleja combinación personal de deseos, miedos y obligaciones familiares. Muchos migran en busca de empleo porque quedaron fuera del reparto desigual de ganancias de la globalización y no ven un futuro si se quedan donde están; muchísimos otros han sido desplazados por conflictos o desastres naturales.