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Cómo ganar en Oriente Medio

RIYADH – Los analistas en todo el mundo evalúan la situación en Oriente Medio en 2012 enumerando a los "ganadores" y a los "perdedores" de la región. Hamas ganó. El presidente de Egipto, Mohamed Morsi, ganó, luego perdió. La secretaria de Estado Hillary Clinton ganó. Siria perdió. Irak perdió. Irán obtuvo un empate (recibió sanciones más duras, pero está más cerca de una capacidad de desarrollar armas nucleares), al igual que Arabia Saudita (tiene una creciente influencia, pero no fue capaz de frenar las masacres en Siria o Gaza) e Israel (evitó un derramamiento masivo de sangre, pero se quedó más aislado que antes).

Todas estas listas, sin embargo, no son más que los pasatiempos de los fanáticos de la política. En el miasma sangriento y hostil de Oriente Medio, ser un "ganador" en cualquier sentido de la palabra es falaz. La región sigue engendrando sólo perdedores. Las víctimas de los conflictos en Siria, Irán y Palestina; los amigos y familiares de las víctimas; aquellos que anhelan la paz: todos perdieron. Este es un recordatorio sombrío de que cuando se trata de matarse unos a otros, de desperdiciar repetidamente las oportunidades de alcanzar la paz y de echar por la borda todos los esfuerzos en marcha, nadie le gana a Oriente Medio. En 2012, la región demostró una vez más que es verdaderamente la mejor a la hora de llevar a cabo lo peor.

¿Cuándo estos países vitales, eclécticos y prósperos (o potencialmente prósperos) pondrán fin a sus luchas internas voraces y empezarán a alimentar, proteger y sustentar a su pueblo? Si bien ya hubo muchas prescripciones, ofreceré mi propio resumen de la situación en Oriente Medio en 2012, con una mirada puesta en lo que debe suceder en 2013 si queremos que las pérdidas no sean tantas.

Un Estados Unidos decidido debe poner freno a la máquina de matar israelí utilizando su influencia para que se logren implementar los principios de territorio por paz de las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Conferencia de Madrid, el Acuerdo de Oslo y la Iniciativa de Paz Abdullah. Esta es la única manera de salir del actual predicamento impracticable.