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Micro-Europa

ESTOCOLMO – En vista de que los Estados Unidos están asfixiados por el desplome de Wall Street, éste debería ser el momento de Europa y, sin embargo, el papel de la Unión Europea en el mundo se está debilitando: se la escucha menos hoy que hace quince años. Como dice Kishore Mahbubani, de Singapur, destacado diplomático y académico asiático, “los europeos, culturalmente arrogantes como son y obsesionados por un proceso interno, achicados ante los EE.UU, y ciegos ante el ascenso de Asia como están”, no cuentan en relación con las grandes cuestiones del mundo.

Para que Europa adquiera un papel más importante en la dirección mundial, debe invertir su decadencia económica a largo plazo. Examinemos las pruebas de dicha decadencia:

  • Propiedad : después de siglos en que las empresas europeas dominaron el mundo en desarrollo, la tendencia se está invirtiendo. Inversores de la India, de Oriente Medio y de otras procedencias están comprando acerías y fábricas de automóviles europeas. En los próximos años, habrá que estar atentos a China y a Rusia.
  • Tipos de cambio: cuando el dólar se desplomó el año pasado y erosionó la competitividad europea aún más, tanto el Fondo Monetario Internacional, dirigido por europeos, como el Banco Central Europeo demostraron ser impotentes. En cambio, los dirigentes europeos acudieron con actitud humilde a China para pedir ayuda. Si bien el dólar se ha revalorizado recientemente frente al euro, no se ha debido a la influencia de los europeos.
  • Bancos : cuando los bancos americanos y suizos se fueron al traste, nadie se acercó a Europa en busca de apoyo. En cambio, los directores de los bancos suplicaron en Oriente Medio, Singapur y China que les echaran un salvavidas. Una vez que los propios bancos de Europa resultaron infectados, fue necesaria la euroescéptica dirección británica para vencer las vacilaciones de Francia y Alemania. Las instituciones europeas permanecieron al margen.

Naturalmente, la insignificancia en aumento de Europa no es enteramente autoinfligida. La participación en la economía mundial de los países con mercados en ascenso ha aumentado y les ha brindado más voz y voto en las relaciones internacionales, pero no son otros los que impiden el crecimiento de la eurozona por encima del tres por ciento ni quienes han causado la disminución de la participación de la UE de quince países en la economía mundial del 19,5 por ciento del PIB global en 1994 al 16 por ciento el año pasado.

Pese a su programa de Lisboa, la ampliación y la llegada del euro, el rendimiento económico global de Europa no ha mejorado, porque ha desatendido muchas cuestiones básicas y cotidianas. Se nos ocurren tres ejemplos.