La guerra por elección de México

CIUDAD DE MÉXICO – Hace tres años este mismo mes, el presidente mexicano, Felipe Calderón, se calzaba el uniforme de fatiga militar y declaraba una guerra de gran escala contra la droga, enviando al ejército a las calles, autopistas y pueblos de México. En aquel momento, Calderón recibió un amplio respaldo, tanto internamente como en el exterior, por lo que se consideraba una decisión valiente, postergada y necesaria. Se predecía que en poco tiempo habría resultados tangibles.

Es más, el gobierno de George W. Bush se apuró a prometer un respaldo norteamericano –la llamada Iniciativa de Mérida, firmada en febrero de 2007- y las encuestas de opinión pública demostraban que Calderón, de una sola vez, había logrado dejar atrás las angustias de su estrecha y cuestionada victoria electoral, ganándose la confianza del pueblo mexicano. Pero hoy, las cosas se ven muy diferentes.

En un debate reciente en el que participaron, entre otros, Fared Zakaria de Newsweek y CNN, y Asa Hutchison, el ex director de la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos, el principal interrogante fue si había que culpar a Estados Unidos por la guerra contra la droga en México. Yo señalé que ni Estados Unidos ni México eran responsables; que la culpa era sólo de Calderón. De la misma manera que la invasión de Bush en Irak, la guerra contra la droga en México fue una guerra por elección. Fue una guerra que Calderón no debería haber declarado, que no se puede ganar y que le está causando un daño enorme a México.

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