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La paradoja de la reforma en México

Algunas veces no hacer ninguna reforma es mejor que hacer una del tipo incorrecto. Ese parece ser el caso en México, donde recientemente el Congreso aprobó nuevas leyes electorales y tributarias, pero no las que el país necesita.

Si bien la reforma tributaria estaba en un lugar alto del plan del Presidente Felipe Calderón durante la campaña presidencial del año pasado, la reforma electoral no estaba incluida. En lugar de ello, le ha sido impuesta por una versión extraña y extrema de regateo político.

Los legisladores de la oposición querían una reforma electoral, pero no nuevos impuestos; el gobierno quería más ingresos, pero no nuevas leyes electorales. Ambos lados obtuvieron parte de lo que querían, y México se quedó con lo peor del trato.

Se creó un impuesto mínimo alternativo, junto con un ligero aumento de los impuestos a las gasolinas, pero ambos terminaron tan deslavados que apenas llegaron a ser significativos. De acuerdo a las cifras del mismo gobierno, equivalen a apenas el 1% del PGB, un aumento patético para una economía con una de las recaudaciones tributarias más bajas de América Latina.