La máquina del machismo en México

Mónica hurga frenéticamente dentro de su cartera mientras comemos en un restaurante de la Ciudad de México. Saca su teléfono celular y revisa si hay mensajes. "¿Pasa algo malo?", pregunto. "No, no es nada", sonríe, "es sólo mi marido. Se enoja si llama y no contesto. Se supone que siempre tengo que tener el teléfono prendido, porque le gusta saber por dónde ando". "O sea, le gusta seguirte la pista, querrás decir", digo yo, y ella se ríe.

Mientras Mónica explica con timidez que su marido Esteban es en realidad bastante abierto de mente, me doy cuenta de que últimamente he escuchado un montón de historias similares, contadas por amigas y pacientes del sexo femenino. El teléfono celular se ha convertido en un nuevo método para que los hombres controlen a sus mujeres, llamándolas y presionándolas para que regresen a casa lo antes posible. Puede que el machismo esté pasado de moda en el México actual, pero el control está definitivamente en boga.

Raramente se escuchan historias de hombres que no permiten a sus esposas estudiar, trabajar o salir de día. Casi el 40% de las mujeres en edad de trabajar tiene un empleo, el número de alumnos matriculados en colegios y universidades está dividido equitativamente entre ambos sexos, y el diferencial promedio de los salarios, en el que las mujeres ganan cerca del 70% de lo que ganan los hombres, es comparable al de las naciones industrializadas. Las mujeres están cada vez más conscientes de sus derechos y exigen un trato igualitario en el trabajo y en la política.

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