Mexico city street food Robin Cerutti/Getty Images

La paradoja mexicana

CAMBRIDGE – Pocas economías plantean una paradoja tan grande como la de México. Tras surgir de una serie de crisis macroeconómicas a mediados de los años 1990, México sobrellevó reformas audaces que deberían haber encaminado al país hacia un rápido crecimiento económico. Adoptó una prudencia macroeconómica, liberalizó sus políticas económicas, firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), invirtió en educación e implementó políticas innovadoras para combatir la pobreza.

En muchos sentidos, estas reformas rindieron sus frutos. Se alcanzó una estabilidad económica, la inversión doméstica aumentó dos puntos porcentuales del PIB y el logro educativo promedio creció casi tres años. Quizá los beneficios más visibles se puedan ver en el frente externo. Las exportaciones se dispararon del 5% al 30% del PIB y el porcentaje del PIB que corresponde a la inversión extranjera directa en el país se triplicó.

Sin embargo, donde realmente cuenta -que es en el crecimiento económico y de la productividad en general-, la historia es de una desilusión sustancial. Desde 1996, el crecimiento económico per capita ha registrado un promedio muy por debajo del 1,5% y la productividad total de los factores se ha estancado o ha declinado.

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