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Los costos de que Merkel se rinda a la extorsión de Hungría y Polonia

NUEVA YORK – La Unión Europea enfrenta una amenaza existencial, pero su dirigencia responde con concesiones, aparentemente convencida de que la amenaza se irá con sólo desearlo. El régimen cleptocrático del primer ministro Viktor Orbán en Hungría y, en menor grado, el gobierno iliberal de Ley y Justicia en Polonia han plantado un desafío descarado a los valores en los que se basa la Unión Europea. Considerar que ese desafío es una postura política legítima, digna de reconocimiento y negociación, implica multiplicar los riesgos que ya enfrenta la UE.

Admito y entiendo que la canciller alemana Angela Merkel está sujeta a una presión intensa. Ha sido canciller de Alemania por quince años, y le falta poco para dejar el cargo, en septiembre de 2021. Con el presidente francés Emmanuel Macron temporalmente distraído por la cuestión de la laïcité y otros problemas de seguridad serios en Francia, Merkel ha quedado hasta cierto punto sola en el papel de principal instancia de decisión dentro de la UE.

También comprendo por qué la canciller alemana no quiere que otro país, Hungría, anuncie durante su mandato planes de abandonar la UE. Se dice que estos últimos días Orbán estaba dispuesto a hacer eso, porque no puede permitir que se exponga la enorme magnitud de la corrupción de su régimen, algo que habría sido inevitable al aplicarse al desembolso de fondos de la Unión el «mecanismo de Estado de Derecho».

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