La política exterior alemana maduró

BERLÍN – La reunificación alemana, de la que pronto se cumplirán 25 años, volvió a poner en el centro de Europa una gran potencia cuya ubicación, su capacidad económica y también su historia despertaron temores a un renacer de ambiciones hegemónicas. Los principales líderes europeos de la época (entre ellos Giulio Andreotti, Margaret Thatcher y François Mitterrand) temían que Alemania quisiera rever el resultado de las dos guerras mundiales.

En los círculos políticos alemanes de 1990, la sola idea hubiera parecido monstruosa y absurda. Pero el fin de la partición alemana también supuso el fin del orden mundial bipolar de la Guerra Fría; y ahora que el mundo se enfrenta a una peligrosa acumulación de tensiones y crisis regionales (en Ucrania, Medio Oriente y Extremo Oriente), es demasiado evidente la falta de un orden nuevo.

Hasta ahora, los temores a un regreso de los fantasmas de la historia han sido infundados, al menos por cuanto atañe a Alemania. A pesar de que la crisis financiera global y sus efectos en Europa convirtieron a Alemania en hegemón económico de facto, no es un papel que el gobierno haya buscado o disfrute. La Alemania reunificada sigue siendo una democracia pacífica, reconoce las fronteras con todos sus vecinos y se mantiene firme en sus vínculos con la OTAN y la Unión Europea.

To continue reading, please log in or enter your email address.

Registration is quick and easy and requires only your email address. If you already have an account with us, please log in. Or subscribe now for unlimited access.

required

Log in

http://prosyn.org/GXvi37p/es;