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¿Traerá la alianza “Mercron” soluciones a Europa?

BERLÍN – La confianza regresó a las cancillerías europeas en el momento justo, dada la inminente visita del presidente estadounidense Donald Trump a Europa. Durante el annus horribilis de 2016, muchos temieron que la Unión Europea no sobreviviría. Pero en 2017, la fe en el proyecto europeo ha renacido, gracias a la elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia y a las derrotas electorales de los populistas en los Países Bajos, Austria y Alemania (sumadas a la caída en picado de la popularidad de Trump en Estados Unidos).

La recién creada sociedad (“Mercron”) entre Macron y la canciller alemana Angela Merkel tiene a los funcionarios europeos entusiasmados, hablando acerca de reinventar la eurozona. Hay nuevas propuestas para instituir un ministerio de finanzas y un presupuesto común para la eurozona, y crear una unión paneuropea para la seguridad que permita hacer frente al terrorismo y fortalecer los controles fronterizos.

Además, el mes pasado la Comisión Europea lanzó un nuevo fondo de defensa para eliminar la brecha que hay entre la aspiración de Europa de defenderse sola y su capacidad de hacerlo. Se espera con esto evitar que 510 millones de europeos sigan dependiendo para su seguridad de los 320 millones de estadounidenses.

Muchos países de la UE, que antes señalaban la “paz fría” entre Francia y Alemania como un obstáculo contra la gobernanza eficaz de la Unión, hoy expresan nuevas esperanzas en la ascendiente relación francoalemana; pero si Francia y Alemania no hacen partícipes de su éxito a los otros, la confianza de muchos de esos países puede transformarse en decepción.

El mes pasado se celebró en Berlín la reunión anual del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, en la que 250 participantes (que son o han sido primeros ministros, ministros de exteriores, funcionarios, pensadores) se encontraron para analizar la situación europea. Muchos estaban divididos entre el entusiasmo por el relanzamiento europeo y el temor a que el nuevo esquema “Mercron” deje a los otros estados rezagados.

Francia y Alemania no deben olvidar que la era “Merkozy” (cuando hubo un intento de alianza entre Merkel y el expresidente francés Nicolas Sarkozy) generó hostilidad en otras capitales europeas. Otros estados miembros de la UE lamentaban la exclusividad asumida por Francia y Alemania en la elaboración de soluciones colectivas para la UE o la eurozona que luego se presentaban como faits accomplis al resto del bloque. Un ejemplo notable fue la vez que Merkel y Sarkozy celebraron una cumbre para estrechar lazos con Rusia, sin molestarse en consultar o incluir a los países de la UE que son vecinos inmediatos del Kremlin.

El desafío para Francia y Alemania es entonces cómo capitalizar las recientes victorias de gobiernos proeuropeos sin provocar una contrarreacción en los otros estados miembros de la UE. Esto no será fácil, ya que las dirigencias francesa y alemana están divididas entre dos ideas contrapuestas respecto del futuro de Europa.

Una de las posturas favorece una unión de círculos concéntricos en torno de una eurozona liderada por Francia y Alemania. La idea es atrayente, al menos a primera vista, porque permitiría a los estados del núcleo continuar la integración, dejando de lado a países con fama de problemáticos como Polonia y Hungría.

Pero aunque esta estrategia satisface la necesidad de una integración más profunda de la eurozona, no resuelve las viejas divisiones de Europa entre este y oeste, norte y sur o centro y periferia. Cuestiones como Rusia, los refugiados, la austeridad, el uso de la fuerza militar y el Brexit seguirán poniendo la solidaridad europea a prueba.

La segunda idea para el futuro de Europa hace hincapié en la formación de coaliciones entre países con deseo y capacidad de trabajar juntos. En una UE mayormente intergubernamental, la formación de coaliciones de menor tamaño podría ser una herramienta eficaz de gobernanza, que mitigaría el poder de veto que existe actualmente en las reuniones formales de la UE. Los países integrantes podrían incluso formalizar esas coaliciones mediante tratados (a la manera del acuerdo de Schengen sobre libre movilidad interna).

El modelo de coaliciones permitiría una mayor flexibilidad, ya que los agrupamientos de países podrían variar según el tema en discusión. Y aunque es probable que Alemania y Francia seguirían siendo centrales en muchos de esos agrupamientos, otros países podrían asumir el liderazgo y compartir el protagonismo, reduciéndose así el carácter divisivo del relanzamiento de la UE (a modo de ejemplo, la estrategia de acercamiento a Ucrania y otros países llamada “Asociación Oriental” fue promovida por Polonia y Suecia).

La sociedad Mercron tiene mejores chances de generar buena voluntad en Europa que las que jamás tuvo la sociedad Merkozy. Para empezar, es probable que ahora el equilibrio de poderes entre Francia y Alemania se desplace un poco hacia el primer país, ya que la economía francesa está en recuperación y con perspectivas de mayor crecimiento tras las reformas prometidas por Macron.

Además, el talento del nuevo presidente francés para trascender las divisorias tradicionales (algo a lo que yo he denominado “método Macron”) puede ayudarlo a crear nuevas y mejoradas relaciones con estados miembros que antes no tuvieron vínculos estrechos con Francia. Y sobre todo, Macron cuenta con amplias reservas de capital político y poder blando, algo parecido a lo sucedido con Barack Obama tras su llegada en 2008 al poder en Estados Unidos impulsada por el entusiasmo de base.

Paralelamente, Alemania está en una posición más débil que durante la era Merkozy, y eso es buena noticia para la relación francoalemana. La crisis de los refugiados convirtió a Alemania en demandante (en vez de proveedor) de bienes públicos europeos. Y aunque en la escena internacional Merkel parece indispensable, en Alemania muchos ya comienzan a hacer planes para el fin de su mandato, que ya va por el duodécimo año.

Lo más importante es que tanto Merkel como Macron necesitan que la sociedad Mercron funcione para poder crear una Europa más fuerte. La Europa del futuro debe ser capaz de proteger a sus ciudadanos de amenazas globales; pero para definirlas, tendrá que tener en cuenta las perspectivas de todos los estados miembros de la UE, no sólo Francia y Alemania.

Felizmente, Merkel y Macron son los dos muy conscientes de las limitaciones del tándem Merkozy y de la necesidad de mejorar la relación que hubo entre Merkel y el antecesor de Macron, François Hollande. Sobre todo, será esencial que sean realistas sobre la relación bilateral y sus posibilidades, porque el activo más poderoso de Europa nunca ha sido una visión detallada del futuro, sino la voluntad colectiva de corregir los fracasos pasados.

Si Macron y Merkel no pierden de vista esta perspectiva histórica, pueden convertir su relación en un matrimonio político abierto que beneficie a toda Europa. Una sociedad excluyente alimentará más resentimiento que buena voluntad, y difícilmente dure mucho tiempo.

Traducción: Esteban Flamini