ILO Asia/Pacific

Disciplina fiscal y calidad educativa

ANKARA – El mundo está entrando en una era postindustrial en la que la manufactura está volviéndose aún más compleja y la competencia ha pasado a ser mundial. Para obtener éxito, los países necesitan cada vez más una fuerza laboral muy especializada e instruida. Así, pues, la de aumentar el nivel de aptitudes impartidas por las escuelas secundarias ha pasado a ser una prioridad urgente tanto para los países en desarrollo como para los desarrollados.

Para mí, el de la educación no es un asunto simplemente académico. Nací en una familia de nueve hijos. Mis padres eran analfabetos y ninguna de mis hermanas asistió a la escuela después del nivel de primaria. Sin embargo, en la siguiente generación de mi familia todas mis sobrinas y sobrinos tienen un título de bachillerato y la mayoría de ellos han estudiado en la Universidad.

La mejora del sistema educativo de un país con más de 16 millones de estudiantes de las enseñanzas primaria y secundaria –más que la población combinada de veinte Estados miembros de la Unión Europea– plantea considerables dificultades fiscales, por lo que la primera medida que se debe adoptar es la de crear una base macroeconómica sólida para la reforma.

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