Reunirse con Medvédev

LONDRES – En 2001, George W. Bush afirmó que había mirado a los ojos a Vladimir Putin y había visto un alma gemela para Occidente. Después Putin se puso a restaurar el gobierno autoritario en Rusia. Hoy los dirigentes occidentales pueden estar a punto de repetir el mismo error con Dmitri Medvédev.

Su elección del domingo pasado fue una coronación más que una competición. Los únicos oponentes de Medvédev eran viejas glorias del decenio de 1990, como Vladimir Zhirinovsky, que hace mucho se convirtió de protofascista en leal al Kremlin, y Andréi Bogdánov, un sucedáneo de “demócrata” a quien el Kremlin ha permitido presentarse como candidato para hacer creer a Occidente que se trataba de una auténtica contienda.

Así, pues, resulta asombroso que en Occidente muchos lo aclamen como a un “liberal”. ¿Se deberá a que se nos ha hecho temer engañosamente a alguien peor, un bravucón silovik (miembro pasado o presente de los servicios de seguridad), como el ex ministro de Defensa Serguéi Ivánov? ¿O representa Medvédev una verdadera oportunidad de descongelar la actual miniguerra fría entre Rusia y Occidente?

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