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El camino al altruismo

SHECHEN, NEPAL – Martin Nowak, biólogo de la Universidad de Harvard, escribió: “La cooperación fue el arquitecto de la creación a lo largo de toda la evolución, desde las células y los organismos multicelulares hasta los hormigueros, las aldeas y las ciudades”. En tiempos en que la humanidad tiene nuevos desafíos globales que resolver, también necesitamos nuevas formas de cooperar. Y el fundamento de esta cooperación debe ser el altruismo.

El impulso de ayudar a otros sin pensar en uno mismo no es solamente un noble ideal. La actitud de servicio desinteresado confiere calidad y sentido a nuestras vidas y las de nuestros descendientes, y de hecho, puede ser que de ella dependa nuestra supervivencia misma. Necesitamos la inteligencia de reconocerlo y la audacia de proclamarlo.

La humanidad se enfrenta a tres enormes desafíos: garantizar condiciones de vida decentes para todos, mejorar nuestro grado de satisfacción con la vida y proteger el planeta. Al análisis tradicional de costo‑beneficio le resulta difícil compatibilizar estas demandas, porque pertenecen a horizontes temporales diferentes. Medimos el estado de la economía de año en año, pero nuestra felicidad es algo que juzgamos a lo largo de una vida, y los beneficios del cuidado del medio ambiente serán, sobre todo, para las generaciones futuras.

Pero estos dilemas se disuelven al pensar en términos altruistas. Un financista que se preocupe por los demás no especulará imprudentemente con los ahorros de toda una vida de sus clientes, cualquiera sea la ganancia que pueda obtener para sí mismo. Un ciudadano responsable siempre pensará en el efecto de sus acciones sobre la comunidad a la que pertenece. Una generación que piense más allá de sí misma tratará el planeta con cuidado, por la simple razón de dejar a sus hijos un mundo habitable. De modo que el altruismo nos beneficia a todos.