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Los goles del Brasil en su propia meta

RÍO DE JANEIRO – Preparado o no, el Brasil está desplegando la alfombra para dar la bienvenida a los aficionados deportivos de todo el mundo. En cuanto el reloj marque el fin del partido final de la Copa Mundial de fútbol de la FIFA, ese país reanudará los preparativos para albergar los Juegos Olímpicos de 2016.

Pero, justo cuando el Brasil entra en el círculo de luz de los reflectores internacionales, mantiene considerables obstáculos frente a la economía mundial, con lo que perjudica sus perspectivas para el crecimiento y la prosperidad futuros. En un mundo que está volviéndose constantemente más interconectado, el Brasil corre el riesgo de quedarse rezagado.

El Brasil se ha alzado hasta el séptimo puesto mundial por el tamaño de su economía, impulsada por un auge de los productos básicos, un dividendo demográfico y un aumento del consumo. Sin embargo, ocupa el puesto 95º en PIB por habitante. Se puede explicar en parte esa disparidad por su 43º puesto en “conectividad” desde el punto de vista de las corrientes de bienes, servicios, finanzas, personas y datos y comunicaciones.

Al haberse aislado de los efectos benéficos de la competencia mundial, el Brasil está minando el impulso que tanto necesita, lo que tiene graves consecuencias para los hogares, la mayoría de los cuales han experimentado sólo un moderado aumento de los ingresos en los últimos años. Si bien el Brasil ha reducido a la mitad su tasa oficial de pobreza desde 2003, unos precios de los artículos de consumo prohibitivamente elevados y unos tipos de interés astronómicos de las tarjetas de crédito (un 145 por ciento por término medio) han impedido a muchos de los que han escapado de la pobreza alcanzar los estilos de vida de las clases medias.