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Los resurgentes señores de la guerra en China

OSAKA – El pasado mes de diciembre, el mundo se quedó horrorizado ante la ejecución por el Gobierno de Corea del Norte de Chang Song-thaek, tío político del joven Dirigente Supremo Kim Jong-un y segundo dirigente de facto del régimen. En vista del decisivo papel de Chang en la dirección de la moribunda economía de Corea del Norte, su ejecución inspiró poderosas dudas sobre la estabilidad del régimen y temor al desplome de una dinastía que cuenta con armas de destrucción en gran escala, pero en última instancia la ejecución de Chang sólo afectó en realidad a otro país, el único aliado internacional de Corea del Norte: China.

Cinco meses después, sigue sin haber una explicación clara del motivo a que se debió la decisión de eliminar a Chang. Aun así, una serie de análisis a fondo han arrojado alguna luz sobre la lucha de poder entre los dirigentes de Corea del Norte por la distribución de los recursos –incluidas la minería y otras concesiones– estrechamente vinculados con la política exterior del régimen.

Se sabía que Chang había concedido prioridad a la supervivencia económica del régimen por encima del desarrollo de las armas nucleares. China, único proveedor de petróleo y alimentos para Corea del Norte, apoyaba firmemente ese planteamiento.

¿Por qué habría de poner en peligro el régimen de Corea del Norte su relación con China, único país que podría derribarlo inmediatamente, tan sólo para ejecutar a un funcionario? Suponiendo que Kim sea racional, debe de haber tenido un buen motivo para creer que, aun cuando ejecutara al favorito interlocutor de Corea del Norte con China, el salvavidas chino se mantendría.