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Un nuevo modelo para la Nueva Europa

VARSOVIA – Hace cinco años, Europa Central y del Este era el escenario de una de las historias de crecimiento más impresionantes del mundo. El crecimiento anual de su PBI era cercano al 5 %, a escasa distancia del chino y el indio. La inversión directa extranjera llovía sobre Bulgaria, Croacia, la República Checa, Hungría, Polonia, Rumania, Eslovaquia y Eslovenia, a un ritmo superior a los $40 mil millones anuales. Uno de cada seis automóviles vendidos en la gran Europa era exportado desde fábricas en la región. La productividad y el PBI per cápita aumentaban con brío, reduciendo la brecha con Europa Occidental.

Pero la región ha tenido problemas para recuperar su impulso desde la crisis financiera mundial y la posterior recesión. Las tasas de crecimiento económico han caído a menos de un tercio de sus valores previos a la crisis. La inversión extranjera directa (IED), que se desplomó el 75 % de 2008 a 2009, solo se ha recuperado parcialmente.

De hecho, parece que la región ha desaparecido del radar de los negocios y los inversores globales. Sin embargo nuestra nueva investigación ha descubierto que los atributos que tornaron tan atractiva a la región se mantienen intactos.