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Cuando los mercados financieros malinterpretan la política

CAMBRIDGE – Cuando el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) desafió a los entendidos y encuestadores y recuperó la mayoría parlamentaria en las elecciones generales del 1 de noviembre en Turquía, los mercados financieros vitorearon. Al día siguiente, la bolsa de valores de Estambul subió más del 5 % y la lira turca tuvo un repunte.

Parece no importar que en estos días sea difícil encontrar a alguien en los círculos empresariales o financieros que pueda decir algo bueno sobre Recep Tayyip Erdoğan o el AKP que lideró antes de asumir la presidencia en 2014. Y no nos equivoquemos: aunque se supone que el presidente turco debe estar por encima de las políticas partidarias, es Erdoğan quien en gran medida lleva las riendas.

De hecho, fue su estrategia de dividir y conquistar –que alimentó el populismo religioso y el sentimiento nacionalista, e inflamó la tensión étnica con los kurdos– la que llevó al AKP a la victoria. Era, posiblemente, la única estrategia con probabilidades de éxito. Después de todo, su régimen ha distanciado a los liberales con sus ataques a los medios; a los líderes empresariales con su expropiación de empresas afiliadas a sus antiguos aliados en el así llamado movimiento Gülen; y a Occidente con sus polémicas afirmaciones y su postura incoherente sobre el Estado Islámico.

Sin embargo, los mercados financieros evidentemente valoraron la estabilidad y aclamaron el resultado. Aparentemente, los inversores creyeron que un gobierno mayoritario del AKP sería mucho mejor que la alternativa probable: un período de incertidumbre política seguido por el gobierno de una minoría o de una coalición débil e indecisa. Pero, en este caso, la sabiduría colectiva no pareció estar iluminada.