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El sueño nórdico de Mario Monti

ROMA – Mario Monti, el primer ministro de Italia, se autocalifica de alemán entre los economistas italianos. En su puesto de alto funcionario para la competencia en la Unión Europea hace diez años, se lo consideraba un regulador muy anglosajón. Hoy, es el primer ministro más nórdico que alguna vez haya tenido Italia.

En el inicio de su mandato como primer ministro hace seis meses, Monti se declaró admirador de todo lo dinamarqués -la "sociedad, economía y civilidad" del país-. Las medidas que introdujo desde que llegó al poder -desde la reforma de las pensiones hasta la lucha contra la evasión impositiva- pusieron en evidencia el rigor y la transparencia que se asocian con los países del norte de Europa.

De la misma manera, Monti en repetidas ocasiones dijo encontrar inspiración en el mercado laboral y los acuerdos de protección social de Escandinavia. El reciente anuncio de Ikea, el gigante sueco de muebles para el hogar, de que abrirá dos nuevas plantas en el noroeste de Italia sugiere que los escandinavos están tomando nota de los gustos nórdicos de Monti.

Pero Monti rápidamente concordaría en que Italia no es una sociedad del norte de Europa. El Banco de Italia hizo sonar la alarma de la desigualdad cuando informó que la riqueza combinada de los diez italianos más ricos equivale a la de tres millones de sus compatriotas más pobres. Es más, una ola de acusaciones de corrupción está sacudiendo a Italia como nunca se había visto desde la investigación Mani Pulite ("Manos Limpias") que arrasó con el establishment político del país hace veinte años. Un sistema judicial disfuncional y una maraña de papeleo son la maldición perenne de los inversores. Como señaló recientemente el diario líder La Repubblica, "Trasplantar el modelo dinamarqués a Italia no parece nada fácil".