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Gestión de riesgos para salvar a los pobres

Los ministros de Hacienda del G-8 han acordado cancelar los 40.000 millones de dólares que deben los dieciocho países más pobres del mundo. Es un triunfo del sentido común, pero, como representa 238 dólares por persona en los dieciocho países, el alivio de la deuda por sí solo en modo alguno es suficiente para ayudar a los pobres.

Por fortuna, otras medidas complementarán el aumento de la generosidad de los países desarrollados. La más notable es un importante movimiento encaminado a prestar servicios bien concebidos de gestión de riesgos a los pobres, que podrían ascender en última instancia a más de 40.000 millones de dólares.

Solemos pensar que los nuevos productos de gestión de riesgos, como, por ejemplo, los novedosos tipos de seguros o los derivados financieros, interesarán primordialmente a los ricos o al menos a personas relativamente adineradas. En realidad, se están creando nuevos productos de gestión de riesgos para algunas de las personas más pobres de África, Asia y América Latina.

Es importante reconocer que las personas más pobres del mundo no son las mismas de un año para otro. La buena y la mala suerte alternan al azar y las personas más pobres son particularmente vulnerables cuando azota la desgracia, como, por ejemplo, un huracán en un pueblo de pescadores. Por eso, la gestión de riesgos, al suavizar los momentos de penuria de ingresos, pueden ser extraordinariamente importantes para aliviar los efectos de la pobreza.