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Medidas para un euro sin deficiencias

NUEVA YORK –  Los arquitectos del euro sabían que estaba incompleto cuando lo diseñaron. El euro tenía un banco central común, pero no un tesoro común. Esto era inevitable, ya que el Tratado de Maastricht estaba destinado a crear una unión monetaria sin una unión política.

Las autoridades europeas confiaban, sin embargo, en que si el euro se veía afectado por una crisis, ellas podrían superarla. Después de todo, así es como se creó la Unión Europea, dando un paso a la vez, pero sabiendo a ciencia cierta que se necesitarían pasos adicionales.

En retrospectiva, uno puede identificar otras deficiencias del euro, de las cuales sus arquitectos no eran conscientes. Se suponía que el euro traería aparejada una convergencia económica, pero por el contrario, produjo divergencias, porque los arquitectos no se dieron cuenta de que los desequilibrios pueden surgir no sólo en el sector público, sino también en el privado. 

Luego de que el euro entrara en vigencia, los bancos comerciales pudieron refinanciar sus tenencias de bonos gubernamentales a tasas de descuento en el Banco Central Europeo, y los reguladores consideraron que los bonos gubernamentales no eran riesgosos. Esto hizo que los diferenciales en las tasas de interés entre varios países se achicaran, lo que generó auges de los bienes raíces en las economías más débiles y redujo su competitividad.