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Cómo hacer que la política industrial funcione

GINEBRA – Ha vuelto la política industrial –o mejor dicho, ha vuelto a ponerse de moda. Por supuesto, nunca fue realmente abandonada incluso en los países que aplicaban los principios del libre mercado. Sin embargo, será más frecuente en el mundo de la postcrisis –en el que la intervención del gobierno ha adquirido una mayor legitimidad. Del mismo modo, el éxito de China y la tentación de copiar su modelo de desarrollo ha reforzado el atractivo de la política industrial, al que también han contribuido mejores herramientas de política y una mayor experiencia de qué es lo que funciona y qué no –un argumento bien presentado por Justin Lin del Banco Mundial.

En efecto, al término de un debate en el Economist, dirigido por los profesores Josh Lerner y Dani Rodrik de la Universidad de Harvard, el 72% de los votantes expresó creer en los méritos de la política industrial. Los encargados del diseño de política parecen compartir esa opinión, y no sólo en los países en desarrollo, a juzgar por el lanzamiento el año pasado de la iniciativa insignia 2020 de la UE y por la política de energía verde de los Estados Unidos.

No obstante, para los países en desarrollo, los viejos peligros de la política industrial siguen presentes. En primer lugar, los encargados del diseño de políticas a menudo se equivocan, tanto al elegir qué industrias apoyar como al implementar mecanismos de apoyo. En segundo lugar, los encargados del diseño de políticas están expuestos a que los “atrapen” los grupos de interés, especialmente en ambientes con políticas débiles, lo que conduce al favoritismo, la ineficiencia y el desperdicio.

Además, en comparación con la Edad de Oro de la política industrial, ahora hay varios riesgos nuevos. El primero tiene que ver con la tentación de seguir incondicionalmente el ejemplo de China. Los encargados del diseño de políticas deben darse cuenta de que el modelo chino tiene características propias derivadas de su introducción gradual de los mecanismos del mercado –que, en comparación con los nuevos conversos de la política industrial, representa un paso en la dirección ideológica contraria.