Hacer política en Irak, no la guerra

Una vez más, Estados Unidos está aprendiendo los límites de su poderío militar. En Irak, tiene un inigualable control del aire, pero no puede mantener controlada la superficie. Su mera presencia incita a la violencia.

Mientras el Presidente George W. Bush cree haber protegido a los estadounidenses al "llevar la guerra a donde está el enemigo", más de 1,700 estadounidenses han muerto en la guerra de Irak, que también ha provocado ataques terroristas sobre los aliados de EE.UU. Los horrorosos atentados con bombas en Londres probablemente fueron inspirados por el coprotagonismo de Gran Bretaña en la guerra.

El error de la administración Bush es, por supuesto, hacer caso omiso del ámbito político en sus cálculos bélicos, o seguir ciegamente la idea de que la guerra no es más que  política por otros medios. De hecho, la mayoría de las guerras son consecuencia de un fracaso de la política, un fracaso de la imaginación política. Dado su sentido extremo de la propia rectitud moral y su falta de conciencia histórica y cultural, Bush y sus asesores creyeron que invadir Irak sería fácil, que el ejército de Saddam Hussein se desmoronaría y que EE.UU. sería bienvenido como un liberador. No comprendieron que Irak ha sido desde hace mucho un país ocupado y manipulado desde el exterior.

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