La medición del crecimiento inclusivo

WASHINGTON, DC – Cuando el próximo año se cumpla el plazo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), el mundo podrá apreciar varios logros importantes desde que se les diera inicio en 2000. Durante este periodo se ha reducido a la mitad la extrema pobreza, unos 100 millones de habitantes de barriadas pobres han obtenido acceso a agua potable y otros millones a atención de salud, y hoy grandes números de chicas reciben educación. Sin embargo, sigue habiendo mucho por hacer e importantes discrepancias sobre su desempeño.

La agenda para el desarrollo posterior a 2015 tomará el relevo de los ODM, añadiendo otros objetivos relacionados con la inclusión, la sostenibilidad, el empleo, el crecimiento y la gobernanza. El éxito de los próximos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) dependerá de cómo se desarrollen, implementen y midan los nuevos programas.

Un crecimiento económico sólido permite a las personas mejorar sus vidas y crear espacios para el desarrollo de nuevas ideas. Pero suele venir acompañado de degradación del medioambiente, lo que afecta la salud y la calidad de vida humanas, amenaza las fuentes de agua y pone en riesgo los ecosistemas, impidiendo el crecimiento de las generaciones futuras. Más aún, el crecimiento cortoplacista que erosiona el capital natural es vulnerable a ciclos de auge y recesión y puede hacer que quienes viven cerca de la línea de la pobreza acaben bajo ella.

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