Workers take part in a rally at the Saint-Charles train station BERTRAND LANGLOIS/AFP/Getty Images

El tren reformista de Macron no se detendrá

PARÍS – El presidente francés Emmanuel Macron recibió abundantes elogios de la prensa internacional por sus recientes discursos en Washington y Bruselas. Pero para los franceses, lo que realmente importa es cómo maneje los abundantes problemas internos, entre los que se destacan las huelgas escalonadas que harán los trabajadores ferroviarios en todo el país.

De aquí a fines de junio, está previsto que los empleados de la empresa ferroviaria estatal de Francia, SNCF, hagan huelga dos de cada cinco días, en oposición a las reformas que el gobierno de Macron planea para la empresa. Pero esas reformas son imprescindibles. La SNCF tiene costos operativos un 30% superiores a los de sistemas ferroviarios comparables en países vecinos, y su funcionamiento es peor.

Esa disparidad de costos se debe en parte a malas decisiones de inversión del pasado con motivación política. Por ejemplo, se le dio demasiada importancia a ampliar las redes de alta velocidad en vez de mantener las vías anteriores, que todavía son muy usadas.

Pero la empresa también padece esquemas laborales obsoletos y costosos, que permiten a los conductores retirarse a los 52 años de edad, aunque su expectativa de vida ya no esté recortada por los rigores insalubres del manejo de motores a vapor impulsados con carbón (en realidad, la expectativa de vida de los conductores de la SNCF aumentó considerablemente desde el momento en que se adoptaron esas normas, en 1920).

Además, los empleados de la SNCF y sus familiares pueden viajar gratis en los trenes de la empresa. Esta es una de las razones por las que el sistema ferroviario francés ingresa apenas 10 000 millones de euros (12 000 millones de dólares) al año, contra un costo operativo de 24 000 millones de euros al año. La diferencia la financian básicamente el gobierno federal y las regiones, a un costo de unos 3000 millones de euros de deuda pública adicional cada año.

Reformar la SNCF es una decisión obvia, por la carga que supone para el erario y la pérdida de calidad y confiabilidad de su servicio. Y a tal fin, Macron propuso una estrategia para reforzar el sistema ferroviario francés a largo plazo. Hay que destacar que no planteó ningún cambio en las condiciones laborales y los beneficios de los trabajadores actuales de la SNCF.

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Los cambios propuestos por el gobierno de Macron sólo afectarán a los que entren a la SNCF a partir del 1 de enero de 2020, para quienes el programa implica el fin de la estabilidad laboral vitalicia y la adopción de un contrato de trabajo más moderno y flexible. También habrá que reevaluar condiciones laborales específicas de los trabajadores y supervisores de la SNCF, que en muchos casos no se actualizan desde 1920. Y los empleados nuevos tendrán que incorporarse al sistema general de pensiones y seguro de salud de Francia.

Además, Macron quiere abrir el sistema ferroviario a la competencia de otros operadores. Reformas similares han reducido los costos operativos y aumentado la oferta general de trenes un 32% en Alemania, 30% en el Reino Unido y 53% en Suecia. En Italia y Suecia, el aumento de la competencia ferroviaria redujo el precio de los pasajes un 15%. Y en Alemania, la competencia disminuyó un 20% el gasto del Estado. Cada kilómetro de tráfico regional ahora cuesta al operador ferroviario estatal, Deutsche Bahn, 15 euros, contra 23 euros en el caso de la SNCF.

Al mismo tiempo, la liberalización del sector ferroviario promete mejorar la calidad del servicio, en cuanto a tiempo de viaje y puntualidad. Hoy viajar de Marsella a Niza lleva 25 minutos más que hace cuarenta años; y en promedio, hay demoras en el 22% de los trenes interurbanos franceses y entre el 18 y el 25% de los de alta velocidad, contra sólo el 10% de los trenes de Deutsche Bahn.

En vista de esta situación lamentable, hay que preguntarse por qué los sindicatos ferroviarios franceses montan una protesta de semejante magnitud contra reformas que sólo afectarán a nuevos empleados futuros. En realidad, lo que aparenta ser un movimiento huelguista unificado incluye dos grandes sindicatos con demandas y motivaciones diferentes. Por un lado está la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), que está dispuesta a dialogar con el gobierno, pero quiere más garantías de empleo y seguridad social para los trabajadores de la SNCF que serán contratados por nuevos operadores tras la liberalización del sistema.

Por otro lado está la Confederación General del Trabajo (CGT), que es más radical e insiste en mantener el statu quo. Sus motivaciones son dos. En primer lugar, la SNCF es un bastión de la CGT, y permitir esquemas contractuales diferentes para los empleados nuevos debilitaría la influencia del sindicato en el nivel nacional. En segundo lugar, la CGT quiere usar esta huelga como punto de partida para hacer fracasar toda la agenda reformista de Macron.

Pero a Macron se lo eligió con un mandato claro de modernizar la economía francesa. Pese a que se mostró flexible en cuanto a los tiempos y formas para introducir la competencia, es probable que se mantenga firme en algunos temas, en particular lo referido a los empleados nuevos de la SNCF a partir de 2020. Al fin y al cabo, él y la CGT coinciden en algo: saben que de la política ferroviaria de Macron depende la credibilidad de sus reformas.

Traducción: Esteban Flamini

http://prosyn.org/dryj1T3/es;

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