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Por qué Macron sigue ganando

PARÍS – La revolución unipersonal que Emmanuel Macron está llevando a cabo en la política francesa y europea continuó este fin de semana: si los resultados de la primera vuelta de la elección para el legislativo francés se mantienen, pronto podrá sumar a su causa una enorme mayoría parlamentaria. Y parece muy probable que así sea.

Eliminar la vieja divisoria “izquierda‑derecha” de la política francesa mediante la unión de los “reformistas” de izquierda, derecha y centro fue el desafío que Macron se planteó al crear en abril de 2016 su movimiento ¡En marcha!, como parte de su apuesta por la presidencia de Francia. El resultado de la primera vuelta de la elección para la Asamblea Nacional es la señal más clara del éxito que ha tenido Macron en su reformulación de la política francesa.

El apoyo a los dos principales partidos tradicionales de Francia, Los Republicanos a la derecha (que obtuvo el 21,6% de los votos en la primera vuelta) y el Partido Socialista (reducido a un mero 9,5%) cayó a niveles inéditos en la historia de la Quinta República francesa. Y el respaldo al ultraderechista Frente Nacional, cuya líder, Marine Le Pen, perdió la elección presidencial ante Macron, disminuyó a un mero 13,2% en la primera vuelta.

Si la segunda vuelta electoral del próximo domingo confirma las proyecciones, el nuevo partido centrista de Macron, ¡La República en Marcha! (LREM), podría quedarse con entre 400 y 445 de los 577 escaños de la Asamblea Nacional.

¿Cómo puede un partido que tuvo cerca del 32,3% de los votos en la primera vuelta anotarse semejante mayoría en la segunda?

La explicación es que sólo pasan a segunda vuelta los candidatos que hayan obtenido más del 12,5% del padrón de votantes registrados en la primera. Por la baja participación en la primera vuelta (menos del 50%), esta vez podrán pasar a segunda vuelta a lo sumo dos candidatos, y entonces ganará el que saque más votos.

Es decir que en casi todos los distritos la segunda vuelta será un duelo entre el LREM de Macron y otro partido. Allí donde el contrincante sea de derecha, los partidos y votantes de izquierda apoyarán a Macron, y viceversa.

Además del apoyo obtenido por la nueva agrupación política de Macron, la votación de este año mostró marcadas diferencias en diversos aspectos clave respecto de elecciones anteriores para la Asamblea Nacional.

Para empezar, más de un tercio de los diputados en ejercicio no se presentaron. Esta retirada abrió la puerta a una nueva generación de políticos, de los que muchos (particularmente en las listas del partido de Macron) proceden de la sociedad civil, en vez de otros cargos electivos o puestos en el sector público.

En segundo lugar, la inédita mayoría de escaños que LREM va camino de conseguir, gracias a la baja participación y al umbral del 12,5% para entrar en segunda vuelta, implica que en Francia está apareciendo un panorama político muy diferente. La política francesa comienza a consolidarse en torno de un centro fuerte, mientras que los dos partidos de izquierda y derecha que tradicionalmente se alternaban como gobierno y principal oposición han sido barridos hacia los márgenes.

Los socialistas y los partidos de derecha ahora agrupados en Los Republicanos llevan décadas de no poder generar las reformas económicas (y con ellas, el crecimiento) que Francia tanto necesita. Para la mayoría de los franceses, los partidos tradicionales se han vuelto sinónimo de falta de transparencia, corrupción crónica y preponderancia de las luchas partidarias internas sobre el interés nacional. Eso provocó el rechazo de los votantes franceses.

En tercer lugar, la reconstrucción del panorama político francés va mucho más allá de los cambios radicales que son de prever en la distribución de escaños de la Asamblea Nacional después de la segunda vuelta. Es casi seguro que algunos futuros diputados de los dos partidos tradicionales (y de otros) darán la espalda a sus dirigencias partidarias para votar por las reformas planeadas por Macron. Más de treinta miembros de la Asamblea Nacional pertenecientes a Los Republicanos y unas pocas figuras clave del socialismo ya hicieron saber que apoyarán el programa de reformas de Macron.

Todo esto hace pensar que Macron saldrá de la segunda vuelta de la elección parlamentaria con la mayoría fuerte que necesita para iniciar confiadamente un programa de transformación de Francia. Y sus planes ofrecen una oportunidad viable (la mejor en mucho tiempo) para reformar la economía francesa de modo de fomentar el crecimiento basado en la innovación y dar a los ciudadanos educación y protección social de mejor calidad.

Macron está ansioso por comenzar con esa agenda. Las dos primeras grandes reformas que su gobierno tratará de implementar apuntan a la modernización del mercado laboral y el fortalecimiento de la normativa ética para el sector público. Pero es probable que eso sólo sea el comienzo del programa de reforma más dinámico que Francia haya visto desde que Charles de Gaulle ocupó el Elíseo.

Traducción: Esteban Flamini