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¿El fin de la divisoria izquierda‑derecha?

NUEVA YORK – Después de la Revolución Francesa de 1789, en la Asamblea Nacional los diputados que defendían las conquistas revolucionarias se sentaban a la izquierda, mientras que los que se oponían a ellas y añoraban el viejo orden monárquico y eclesiástico lo hacían a la derecha. De allí surgieron los términos políticos “izquierda” y “derecha”. Muchos comentaristas de la elección presidencial francesa señalaron que estas categorías ya no sirven para describir la política contemporánea en Francia (o en cualquier lugar). Emmanuel Macron declara orgulloso que no es ni de derecha ni de izquierda.

Marine Le Pen, cuyo Frente Nacional se asocia con la extrema derecha, no coincide: según ella, Macron (quien fue ministro en un gobierno socialista) es de izquierda. Pero igual que Donald Trump, Le Pen hizo campaña presentándose como la “voz del pueblo”, mientras que a Macron (como a Hillary Clinton) se lo describió como títere de banqueros, élites culturales y plutócratas internacionales.

¿Queda pues algún significado en las palabras derecha e izquierda?

Que algo cambió en las últimas décadas del siglo XX es indudable. Los partidos de izquierda comenzaron a perder (en algunos países más rápido que en otros) su base en la clase trabajadora industrial. La redistribución de la riqueza se fue volviendo menos importante que la emancipación social de minorías étnicas y sexuales. La vieja alianza entre intelectuales idealistas y sindicatos dio paso a coaliciones multicolores formadas por intelectuales, “no blancos”, feministas y homosexuales.