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Lo que los economistas todavía necesitan aprender

ÁMSTERDAM – La macroeconomía fue una de las víctimas de la crisis financiera global de 2008. Los modelos macroeconómicos convencionales no pudieron ni predecir la calamidad ni explicarla de manera coherente, y por lo tanto fueron incapaces de ofrecer consejo sobre cómo reparar el daño. A pesar de esto, gran parte de la profesión sigue en estado de negación, anhelando un retorno a lo “normal" y, en efecto, tratando a la crisis como si hubiera sido una simple interrupción brusca.

Eso tiene que cambiar. Si bien una recuperación económica ha echado raíces, sus fragilidades estructurales sugieren que la macroeconomía todavía necesita una reforma con urgencia. Se destacan tres conjuntos de lecciones de la década pasada.

Primero, la presunción de que las economías se autocorrigen, aunque suena tentador en los buenos tiempos, es infundada y puede tener consecuencias catastróficas. La recuperación de los últimos años ha sosegado a muchos y los llevó a experimentar una falsa sensación de seguridad, porque fue el resultado de respuestas políticas poco convencionales que trascendieron el pensamiento tradicional de “equilibrio general”.

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