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El imperativo de la inversión a largo plazo

PARÍS – Cuando la crisis económica más profunda de nuestra vida continúa en su séptimo año, la mayoría de los países de la OCDE siguen obteniendo resultados insuficientes. En este año, se espera que el crecimiento del PIB de las economías avanzadas del mundo ascienda por termino medio a un dos por ciento, frente al 3,2 por ciento a escala mundial, y 2016 no se presenta mejor, con un aumento de la producción de la OCDE de 2,5 por ciento, mientras que la tasa de crecimiento del PIB del resto del mundo es de 3,8 por ciento, próxima a la media del período anterior a la crisis.

Pero las perspectivas económicas a largo plazo de la economía mundial en conjunto parecen sombrías. Cuando las sociedades de muchos de los países de la OCDE envejecen y se espera que el crecimiento convergente se reduzca de su media anual de 3,6 por ciento en el período 2010-2020 al 2,4 por ciento, aproximadamente, en el período 2050-2060.

Ese bajón puede ser inevitable, pero se puede mitigar. La aplicación de políticas encaminadas a facilitar y recompensar  las inversiones a largo plazo será decisiva para salir de la crisis actual e impulsar el potencial de crecimiento mundial.

Las inversiones, tanto públicas como privadas, son necesarias para fomentar el crecimiento ecológico, apoyar la innovación y el espíritu empresarial, contribuir a colmar los desfases en materia de desigualdad, que se han agrandado durante la crisis, y contribuir a crear las aptitudes esenciales para lograr unas economías más resistentes y unas sociedades menos excluyentes. Aunque, para atender esas necesidades se necesitarán cambios transformacionales en el comportamiento de los gobiernos y de los inversores, la compensación será importante. En una palabra, como sostuvimos durante el Foro de la OCDE y la reunión anual de su Consejo de Ministros celebrada la semana pasada, esta vez debemos formentar inversiones que se centren en las personas y en el planeta.