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Vivir con inseguridad

Con frecuencia me he preguntado por qué Karl Popper acabó su dramática perorata del primer volumen de su La sociedad abierta y sus enemigos con esta oración: "Debemos seguir y entrar en lo desconocido, lo incierto y lo inseguro, utilizando la razón de que disponemos para planificar con vistas a mantener tanto la seguridad como la libertad". ¿No es suficiente la libertad? ¿Por qué situar la seguridad en el mismo nivel que ese valor supremo?

Después recordamos que Popper lo escribió en los años finales de la segunda guerra mundial. Al echar un vistazo al panorama del mundo en 2004, empezamos a entender el motivo de Popper: la libertad siempre significa vivir con riesgo, pero sin seguridad el riesgo sólo representa amenazas, no oportunidades.

Abundan los ejemplos. La situación en el Iraq puede no ser tan mala como los acontecimientos en ese país -con las noticias diarias de atentados con bombas- hacen parecer, pero está claro que sin una seguridad básica no habrá un avance duradero hacia un orden liberal en ese país. El caso del Afganistán es aún más complejo, aunque lo mismo es aplicable a ese país, pero, ¿quién brinda seguridad y cómo?

En Europa y en Occidente, hay que pensar en la serie de actos terroristas: desde los de los Estados Unidos en 2001 hasta los atentados con bombas en Madrid antes de las elecciones. El alcalde y el jefe de la policía de Londres han advertido conjuntamente que resultan "inevitables" atentados terroristas en esa ciudad. Casi todos los días hay nuevos avisos, con policías fuertemente armados en las calles, barreras de cemento delante de embajadas y edificios públicos, controles más estrictos en los aeropuertos y en todas partes... todos los cuales recuerdan diariamente la inseguridad que nos rodea.