Billy H.C. Kwok/Getty Images

¿Habrá sido en vano la muerte de Liu Xiaobo?

HONG KONG – La relativamente súbita muerte (a los 61 años) de Liu Xiaobo, el disidente y Premio Nobel de la Paz chino encarcelado, supone una gran pérdida. También dejó algo bien claro: que la dirigencia del Partido Comunista de China (PCC) está decidida a defender por los medios que sea y a cualquier costo su monopolio político.

Liu, un ex crítico literario y conocido promotor de los derechos humanos y la resistencia no violenta, pasó los últimos ocho años de vida tras las rejas, bajo acusaciones de “subversión” inventadas. Su verdadero delito fue pedir democracia en China. Incluso antes de ser encarcelado, ya era víctima de acoso y vigilancia policial todo el tiempo. Cuando en 2010 obtuvo el premio Nobel, las autoridades chinas no sólo impidieron a su familia viajar a Oslo para recibir el galardón, sino que también impusieron a su esposa arresto domiciliario.

La última afrenta del gobierno chino a Liu se produjo el mes pasado, al rechazar su petición de recibir tratamiento para el avanzado cáncer de hígado que sufría. Fue un acto de crueldad sin sentido, que llevó a Liu a la muerte, en custodia policial, apenas un mes después de recibir el diagnóstico. La última vez que un Premio Nobel halló un destino similar fue en 1938, cuando el pacifista alemán Carl von Ossietzky murió prisionero de los nazis.

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