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Colombia: una tenue luz al final del túnel

A pesar de los malos augurios de muchos analistas de la realidad colombiana, el proceso de paz con la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) no sólo sobrevivió, sino que salió fortalecido tras el duro pulso de la semana pasada entre esta organización guerrillera y el gobierno de Andrés Pastrana. Es posible que ahora estemos comenzado a transitar de un proceso de paz de mentiras - lleno de trampas y dilaciones -, hacia un proceso de paz de verdad, con resultados a corto plazo. Antes del próximo mes de abril se debe firmar un primer acuerdo de cese al fuego bilateral.

Tras 20 años del inicio formal de las negociaciones de paz, la opinión pública le cerró el camino al presidente Pastrana para una renovación pura y simple de la llamada ``zona de distensión''. Es decir, el extenso territorio del tamaño de Suiza que el gobierno le concedió a las FARC para reiniciar conversaciones. Los colombianos están hartos ya de unas negociaciones de paz en medio de asesinatos, masacres, asalto de poblaciones y secuestros masivos.

En esta ocasión el presidente Pastrana, dejando atrás tres años de una política de concesiones y concesiones hacia la guerrilla sin ninguna contraprestación, se vio obligado a mostrar firmeza.

Los primeros sorprendidos con la firmeza presidencial fueron los dirigentes de las FARC. Estos pensaron que el presidente Pastrana, como había ocurrido tantas veces en el pasado, terminaría cediendo a última hora a pesar de sus enérgicos pronunciamientos. Un clásico pastorcito mentiroso. Pero, en esta ocasión y para asombro de las FARC, el plan militar para retomar el control de la región iba en serio. Y debieron aflojar en su arrogancia sin limites.