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Una vida que importó

PRINCETON – El 1 de enero, murió Derek Parfit, uno de los más grandes filósofos de mi generación. Apenas un año antes, una encuesta de un importante sitio web de filosofía lo había consagrado como el más importante filósofo angloparlante vivo.

De todos los filósofos que he conocido desde que comencé a estudiar el tema hace más de 50 años, Parfit fue lo más parecido a un genio. Iniciar un debate filosófico con él era como jugar al ajedrez con un gran maestro: ya tenía pensados todos los contraargumentos a sus argumentos, había considerado varias respuestas posibles y conocía las objeciones a cada una de las respuestas y las mejores contraobjeciones.

Parfit no era un nombre familiar. Pocas personas fuera del mundo de la filosofía académica leyeron algo de lo que escribió. Tampoco aparecía en televisión, aunque ya con una edad avanzada, dio charlas sobre el altruismo efectivo, y dos de esas disertaciones pueden verse en Internet.

Además, hasta la impresión en 1984 (cuando tenía 42 años) de su primer libro, Razones y personas, había publicado muy poco. Después, sus lectores tuvieron que esperar otros 27 años a que apareciera su segundo libro, On What Matters [Lo que importa]; sólo pudieron leerlo antes los que tuvieron acceso a alguno de los borradores que Parfit hizo circular para recibir sugerencias de mejoras.

Pero decir que Parfit sólo escribió dos libros es inexacto. Razones y personas reúne ideas novedosas sobre tres temas distintos. En primer lugar, analiza las teorías de la acción racional. ¿Es racional actuar siempre en beneficio propio? ¿Hacerlo de conformidad con los deseos actuales? ¿Producir las mejores consecuencias para todos en forma atemporal?

El segundo tema es el de la identidad personal. Solemos considerar la distinción entre el yo y los otros como una cuestión tajante, porque damos por sentado que somos la misma persona toda la vida; pero Parfit sostuvo que nuestra identidad cambia con el tiempo, conforme se modifican las conexiones psicológicas entre el yo de antes y el de después. Esta idea le pareció liberadora, y escribió: “Las otras personas están más próximas. Y yo estoy menos preocupado por el resto de mi propia vida, y más preocupado por la vida de los demás”.

En la última parte del libro, Parfit se pregunta: ¿cuál es la población óptima para un país o para un planeta? ¿Debemos buscar la mayor cantidad total posible de felicidad o el mayor nivel de felicidad promedio?

Suponiendo que la media de felicidad sea positiva, elegir una u otra opción será diferente si al aumentar la población del planeta se reduce la media pero no tanto que contrarreste el hecho de que existirá más gente feliz. Aunque hay razones medioambientales para no aumentar la población, podemos pasarlas por alto aquí, porque Parfit está hablando de una cuestión de valor subyacente. Parfit demuestra que tanto la respuesta de la “felicidad total” como la de la “felicidad media” provocan consecuencias paradójicas o contrarias a la intuición. Pero puede decirse lo mismo de cualquiera de las otras soluciones propuestas desde que Parfit volvió a plantear el problema y otros filósofos comenzaron a ofrecer sus respuestas.

Con Razones y personas Parfit hubiera podido escribir fácilmente tres libros separados; pero con On What Matters lo hizo: los primeros dos volúmenes se publicaron en 2011, y el tercero, que estaba en imprenta cuando Parfit murió, acaba de aparecer. En esta obra monumental de unas 1900 páginas, Parfit cuestiona la idea (presupuesta por casi todos los economistas, y muchos filósofos de David Hume en adelante) de que la razón puede decirnos cómo conseguir lo que queremos, pero no qué querer.

Por el contrario, Parfit sostuvo que un deseo puede ser irracional. Por ejemplo, es irracional que uno quiera evitar un dolor insoportable todos los días de la semana del futuro excepto los martes.

A fin de mostrar que puede haber una verdad objetiva en la ética, Parfit se lanzó a la audaz tarea de reconciliar tres grandes teorías normativas: el kantismo, el contractualismo y el consecuencialismo. Parfit sostiene que los partidarios de cada teoría están “subiendo la misma montaña por diferentes lados”, cada uno en su propia ruta hacia un elemento común de verdad en todas ellas.

En On What Matters, volumen III, Parfit intentó otra vez reconciliar tres grandes teorías, esta vez sobre la naturaleza de la ética y el fundamento de verdad de los juicios éticos.

Parfit no sólo fue un filósofo notable; también era extraordinariamente generoso con el recurso que más valoraba: su tiempo. Tanto le preocupaba perderlo, que leía filosofía mientras se cepillaba los dientes, y tenía el guardarropa lleno de camisas y trajes idénticos para no tener que pensar en qué ponerse. Pero cuando sus alumnos o colegas le enviaban trabajos, los leía y tanto si estaba de acuerdo con lo que decían como si no, escribía comentarios detallados, a veces más largos que el trabajo original. Yo fui uno de tantos que tuvieron la suerte de recibir sus comentarios.

Le daré la última palabra a Parfit. Ahora que muchos desesperan ante las tendencias políticas del momento, el penúltimo párrafo de On What Matters, volumen III nos alienta a adoptar una perspectiva más amplia y optimista:

“La vida puede ser maravillosa así como puede ser terrible, y nuestro poder de hacerla buena será cada vez mayor. Es posible que la historia de la humanidad apenas esté comenzando, de modo que podemos esperar que los humanos, o suprahumanos, del futuro puedan alcanzar algunos grandes bienes que ahora no podemos ni siquiera imaginar. Como dijo Nietzsche, nunca hubo amanecer tan nuevo y horizonte despejado, ni un mar tan abierto”.

Traducción: Esteban Flamini