El señor de las moscas de Libia

LONDRES – “Soy una gloria que no será abandonada por Libia, los árabes, los Estados Unidos y América Latina... revolución, revolución, que comience el ataque”, dijo el autotitulado Rey de los Reyes Africanos, Decano de los Dirigentes Árabes e Imam de todos los Musulmanes, coronel Muamar el Gadafi. Esa declaración resume la reacción, extraordinariamente represiva, del régimen libio al levantamiento popular contra la dictadura de Gadafi, que ha durado cuarenta y dos años.

Pero la táctica de Gadafi lo ha dejado encerrado. De ser derrotado, le resultará difícil encontrar refugio en el extranjero, como hizo el ex Presidente Zine el Abidine Ben Ali, y el exilio interior, como el actualmente concedido a Hosni Mubarak, será imposible.

Aunque la capacidad del régimen para cometer matanzas en gran escala ha disminuido, la derrota de Gadafi tendrá un gran costo en vidas humanas. En un caso extremo, el régimen podría utilizar armas químicas, como hizo Sadam Husein contra los kurdos de Halabja en 1988, o podría lanzar una campaña de intensos bombardeos aéreos, como hizo Hafez el Asad de Siria en Hama en 1982.

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